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Bitácora de El Cairo

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BITÁCORA DE EL CAIRO

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Martes, 4 de agosto de 2.009

He llegado a El Cairo hace apenas un rato. El vuelo aterrizó a las 23.30 hora local, con una media hora de retraso sobre el horario previsto. Me he instalado en el Hostal Brothers, un acogedor pero elemental hostal para mochileros atendido por gente joven, situado en pleno centro de la ciudad, en la Sharia Talaat Harb, muy cerca de Maidan Tahir que viene a ser como la plaza central de la vieja ciudad de El Cairo.

Después de deshacer la maleta he salido a dar un paseo por los alrededores del hostal. A pesar de ser más de las 12.00 de la noche, la calle está atestada de gente, y un tráfico denso y ruidoso inunda todas las calles del centro. Según me dicen, esto es lo normal en El Cairo hasta más allá de las dos de la madrugada. Hace un calor sofocante y húmedo. El caos y el desorden es lo primero que llama la atención en esta ciudad que es la más grande del continente africano. Con una población de unos 25 millones, parece lógico que tenga este aspecto de ciudad populosa y densamente poblada. La suciedad y la porquería se amontona a lo argo de las aceras. Las calles presentan un aspecto polvoriento. Cajetilla de tabaco arrugadas, latas de refresco aplastadas, botellas de agua vacías, papeles, frutas chafadas en el suelo, hojas sueltas de periódico, alfombran la calle. No se ve ninguna brigada de limpieza barrer ni retirar la suciedad que se amontona por todas partes.

Bajando por la Sharia Talaat Harb --sharia, además de decreto o regla religiosa, significa, también, calle en árabe-- llego hasta la Maidan Talaat Harb ¾maidan significa plaza en el mismo idioma¾, en cuyo centro hay una estatua dedicada a Talaat Harb, que fue el fundador del Banco Nacional de Egipto. El magnate, de talle esbelto y estilizado, aparece vestido a la occidental, con una levita como la que usaba la clase alta inglesa a finales del XIX, y tocado con un fez que le da un aire un poco descastado. En todo el centro de la ciudad son bien visibles restos y reminiscencias que hablan de la reciente presencia británica en el país. Son numerosos los edificios cuyas fachadas presentan similitudes con las de cualquier capital europea, excepción hecha de la pátina de mugre negruzca que las cubre y de los desconchones que las descubren parcialmente, muestra de un inconfundible descuido de decenios.

El jedive Ismail ¾que gobernó el país desde 1.863 hasta 1.879¾, emprendió un ambicioso plan de modernización del país, que incluía la construcción de una vasta red de ferrocarril, así como un paso marítimo que uniera el Mediterráneo con el Mar Rojo asegurando una ruta comercial más rápida y segura hacia Asia: el Canal de Suez. Esto proporcionaría a Egipto ¾pensó el jedive Ismail¾ una fuente permanente de ingresos, pues todas las potencias de Europa habrían de pagar peaje por utilizar el Canal en su paso hacia el continente asiático. El Canal comenzó a construirse en 1.859, finalizando las obras en 1.869. El ingeniero a quien se encomendó la colosal obra fue Ferdinand De Lesseps, quien a su vez fue cónsul francés en Egipto.

Sin embargo, el jedive Ismail llevó al país a la bancarrota a consecuencia de los créditos a tipos de interés exorbitantes con que había endeudado las arcas nacionales para acometer la construcción del Canal de Suez. La imposibilidad de Egipto para devolver los créditos llevó a Gran Bretaña ¾principal inversor en la obra¾, viendo amenazados sus intereses económicos, a ocupar el país y  a establecer un protectorado que perduró hasta 1.919, en que, después de terminada la Iª Guerra Mundial, se desató un movimiento independentista que obligó a los británicos a poner fin al protectorado a y a reconocer a Egipto como nación independiente. El rey Fuad I ¾sexto hijo del jedive Ismail¾ asumió el trono, pero de hecho Gran Bretaña siguió controlando la Administración y la banca nacional, la política exterior, el Ejército y el Canal de Suez. De hecho, durante la IIª Guerra Mundial la Alemania de Hitler intentó arrebatar a Gran Bretaña el control del Canal de Suez dado su enorme valor estratégico, pero el VIII Ejército del General Montgomery derrotó al Afrika Corps del general alemán E.Rommel en la célebre batalla del Al-Ammein.

Como decía, todavía resultan evidentes en el centro de El Cairo restos muy significativos de la presencia británica, pero su estado de descuido y abandono confiere a la ciudad un aire que va más allá de lo decadente. En la Maidan Talaat Harb he entrado a tomar un café en el Groppi’s, una cafetería ¾por centrarnos en algún concepto¾ en la que puedes tomar un expresso bastante pasable para lo que hay aquí. Mientras tomaba el café he estado repasando la guía de El País-Aguilar para concretar el recorrido que haré mañana más tranquilamente por el centro. De regreso al hostal veo que la calle sigue igual de abarrotada que antes, si no más. Cruzar de una acera a otra supone una aventura de alto riesgo. Es inútil esperar a que el semáforo se ponga en verde para los peatones, porque ningún coche va a parar a menos que vean que de no hacerlo van a montarte sobre el capó o a pasarte por encima. Para cruzar la calle, sencillamente hay que lanzarse con decisión aunque veas que vienen coches; pararán, a un metro, a 50 centímetros, a 20 centímetros de ti, pero pararán. Se circula en completo desorden y a toda velocidad, y los coches no paran de hacer sonar permanentemente los cláxons. La señalización ¾da lo mismo que sea horizontal, vertical, luminosa¾ me doy cuenta de que no tiene otra función que puramente ornamental; forma parte del mobiliario urbano. He visto en varias ocasiones, en apenas una hora que llevo en la calle, coches circulando por encima de la línea continua doble que señala la división de la calle en sentidos contrarios, y rebasarla para circular durante unos 100 metros en sentido contrario… ¡y todo esto delante de la policía, que observa con absoluta pasividad!

Sigo la Sharia Talaat Harb hacia arriba, en dirección al hostal. Por cierto, el Hostel Brothers está en un edificio de los años 20 que se ha hecho famoso por servir de título ¾El edificio Yacoubian¾ y de escenario a una reciente novela de un escritor egipcio: Alaa Al Aswanni. Por más que este edificio se haya hecho famoso, lo cierto es que por su aspecto no pasa de ser más que uno de los tantos que presentan un aspecto de dejadez y descuido lamentable. Se trata de un edificio de estructura racionalista, como los que pueden verse en muchas ciudades europeas. La fachada presenta amplias balconadas de mampostería hasta media altura que dan al edificio un aspecto de horizontalidad en su estructura. El portal es amplio, pero lóbrego y oscuro, con solado de mármol y peldaños de escasa altura en su escalera de acceso. La suciedad y el polvo han hecho cuerpo con el inmueble. El ascensor es un viejo Schneider de estructura de madera y puertas interiores con bisagra y cristales que se desplaza a lo largo de un hueco abierto y acotado por una verja metálica, todo ello idéntico al que solía haber en casa de casi todas las abuelas de la gente de mi generación. Los rellanos de los pisos son también espaciosos y con suelo de mármol, y también con porquería de décadas. El hostal está en el 4º piso. No me extraña que este edificio haya inspirado una novela… si las paredes ¾y la suciedad¾ hablaran…

Mañana os contaré más cosas.

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Miércoles, 5 de agosto de 2.009

Hoy he amanecido a las 12 del mediodía, muy tarde para lo que acostumbro en vacaciones. Debía de estar verdaderamente cansado. He salido a la calle en busca de un café, y lo más parecido que he encontrado ha sido el Groppi’s que ya descubrí anoche, en la Maidan Talaat Harb. En casi todos los cafés y teterías puedes encontrar café… o, al menos, así lo llaman, pero en realidad no es más que leche con un café soluble de sobre para de un sabor indefinible. En el Groppi’ss ¾aunque no es tampoco como para echar cohetes¾ al menos puedes tomarte un café expresso o, al menos, algo que se le parece bastante. En este café también hay una repostería aceptable a base de tartas de chocolate y de nata, pero me he decidido por un simple croissant.

Después de desayunar ¾unas 19 libras, o sea, unos 2,50 euros¾, he bajado por la Sharia Talaat Harb hasta la plaza del mismo nombre, y continuando hacia abajo, hasta la Maidan Tahir, que viene a ser, como decía ayer, la plaza más importante de esta parte central de El Cairo. Maidan Tahir es un pandemónium de ruido, polución, calor sofocante, rugir de motores, cláxones disonantes, y de riadas humanas que se lanzan valientemente a la incierta aventura de cruzar la calle por asalto. Ya he contado lo arriesgado de esta empresa, y lo más recomendable es unirte a la masa que emprende la alocada carrera hacia los coches que circulan para obligarles a parar. Algo así debió de hacer también Moisés por estas mismas tierras hace ya algunos miles de años, cuando huyendo del faraón se encontró de bruces con el mar Rojo y tuvo que tomar una decisión de vida o muerte: quedarse al borde del mar y morir aplastado por el ejército del faraón que iba pisándole los talones, o lanzarse ciegamente y sin esperanza alguna de sobrevivir sobre las procelosas aguas del mar Rojo. Moisés debió de pensar que era preferible morir ahogado antes que perecer a manos de los egipcios, de modo que se decidió por el suicidio en las aguas del mar Rojo, pero para su sorpresa, Yaveh, en su infinita providencia, separó sus aguas para que Moisés y todo el pueblo de Israel que le seguía pudieran cruzarlo a pie enjuto. Y hete aquí que cuando los hebreos, con Moisés a la cabeza, estaban en el último tramo antes de llegar a la otra orilla, llegó el ejército del faraón, que al ver el portento de las aguas del mar abiertas, decidió adentrarse para continuar la persecución de los hebreos. Pero tan pronto como el último de los hijos de Israel hubo cruzado el mar, Yaveh hizo que sus aguas volvieran a unirse, quedando atrapado en ellas por entero el ejército del faraón, pereciendo hasta el último soldado. Y cuenta el Libro del Éxodo ¾el segundo de los libros que componen el Pentateuco¾, que el pueblo de Israel vio que Yaveh era fiel a su promesa: “Vosotros seréis mi pueblo, y yo seré vuestro Dios”. Y en agradecimiento a Yaveh Moisés se puso a danzar elevando un cántico al Cielo. Es decir, vieron los hebreos que Yaveh era el Dios de Israel, y velaba por su pueblo. Recuerdo, sin embargo que, a propósito de esta proeza de Yahve, en una obra de teatro de José Luis Martín Descalzo ¾de la que no recuerdo el título¾ se cuenta que cuando Moisés se puso a danzar y a cantar en agradecimiento a Yaveh los cielos se abrieron y se oyó la voz de Yaveh que decía: “¡Calla, necio! Faraón también era hijo mío”. Qué le vamos a hacer; así son las religiones. El Dios de los cristianos… el Dios de los hebreos… el Dios de los musulmanes… Y yo me pregunto: Y Dios, ¿qué religión tiene? ¿Es cristiano? ¿Es musulmán? ¿Es judío?...

Pues bien; contaba todo este excursus bíblico a propósito de la aventura que supone cruzar por la Maidan Tahir. En esta plaza se encuentran bastantes edificios que merecen citarse. En primer lugar está el Hotel Nile Hilton, construido en 1.959 en lo que fue el emplazamiento de un palacio ¾Qasar Al Nil (el palacio del Nilo)¾ que sirvió de emplazamiento a la administración británica, siendo utilizado más tarde como cuartel por el ejército británico hasta que en 1.950 el viejo palacio fue demolido, construyéndose el hotel en su solar. Junto al Hotel Nile Hilton está el edificio Mogamma, una enorme y descomunal construcción con fachada circular y cóncava que da cobijo a la práctica totalidad de los ministerios del Gobierno; de hecho más de 20.000 funcionarios trabajan todos los días en este edificio. El edificio, de hechuras soviéticas, salvo por su tamaño y su curiosa fachada no tiene ningún encanto especial. Se trata de la típica edificación que ofrece el indudable aspecto de ser la sede de un aparto burocrático descomunal. La dejadez, el descuido y la desidia también se dejan ver profusamente en su fachada. Ventanas con cristales rotos, desconchones que dejan al descubierto la factura de ladrillo, marcos de ventana arrancados, son algunos de los signos que evidencian la precariedad presupuestaria del Estado Egipcio.

En el extremo opuesto de la Maidan Tahir está el Museo de Antigüedades Egipcias, más conocido simplemente como “el Museo de El Cairo”. En él se conservan ¾más bien se almacenan¾ miles y miles de piezas procedentes de los yacimientos arqueológicos del antiguo Egipto dispersos a lo largo y ancho de todo el país. El edificio, en su exterior, no ofrece un interés particular. En su interior, por el contrario, ofrece una arquitectura reseñable: amplios espacios de una altura descomunal separados por columnas y gruesos muros. Llama la atención especialmente la cúpula central en el cuerpo que da acceso al edificio. Con todo, el esfuerzo debió de quedar todo agotado con la construcción del edificio, pues el lamentable estado en que se encuentran todas las piezas expuestas es desolador. Miles y miles de piezas se hacinan a lo largo y ancho de todas y cada una de las galerías y salas del museo, sin dejar un solo rincón libre. Se dice que las piezas expuestas suponen tan sólo un 20 por 100 del depósito total de restos y piezas del Antiguo Egipto propiedad del Estado. Las vitrinas ¾deduzco a juzgar por su aspecto¾ deben de ser las originales que quedaron instaladas cuando el museo abrió sus puertas por primera vez allá por 1.902. Los letreros con las leyendas explicativas de las piezas ¾las que lo tienen¾, son todas mecanografiadas en tarjetones amarilleados por los años y con escasos e imprecisos datos. El museo es todo él un enorme galimatías en el que resulta imposible distinguir los distintos períodos y dinastías a que corresponde cada zona. De todo el museo destacan algunas piezas: parte del ajuar funerario del faraón Tutankhamon (sarcófago, máscara mortuoria), las estatuas sedentes del sacerdote Rahotep y su esposa Nofret… y poca cosa más. De todos modos el amontonamiento de las piezas que componen la exposición es tal y tan desordenado que llega a marearte y no ves el momento de salir a la calle a respirar un poco de aire. Si en los EE.UU., por ejemplo, tuvieran tan sólo una milésima parte de los restos históricos que aquí se conservan, sin duda que habrían construido el museo arqueológico más grande y mejor equipado del mundo.

De nuevo en la calle vuelvo a armarme de valor e insensatez y cruzo toda la Maidan Tahir en dirección a una de las calles adyacentes: la Sharia Qasr el Nil, una calle comercial que es un verdadero follón de gente, de coches, de ruidos, de tiendas y de vendedores ambulantes. Siguiendo esta calle hacia arriba llego hasta la Maidan Talaat Harb, y, cruzándola, vuelvo a continuar por el siguiente tramo de Qasr el Nil hasta la Maidan Opera, una plaza, en parte ajardinada, que debe su nombre en que aquí estuvo el viejo edificio de la Opera ¾ya desaparecido¾ en el que Verdi pensó estrenar su ópera Nabucco con ocasión de la inauguración del Canal de Suez, pero dado que el Canal se terminó antes que su ópera de ambiente egipcio, hubo de conformarse con la representación de Rigoletto con tan fausto motivo. Esta plaza ¾la Maidan Opera¾ es un babel descomunal. Coches que se cruzan en todas direcciones, riadas desordenadas de gente, humo de escapes que invade el ambiente, olor a carne asada, especias, basura y gasolina… Cruzando la plaza y entrando por la Naguib Al Rahany, se entra en una barriada de calles estrechas y edificios antiguos. Toda esta zona está atestada de mercadillos por cuyos entramados vericuetos discurre el tráfico a paso de procesión. Aquí pueden verse puestos con los objetos más insospechados. Desde una batería de cocina que parece de 4ª mano hasta la batería de móvil más curiosa que he visto en mi vida; en realidad se trata de una “batería de emergencia”. El ingenio consiste en un tubo metálico uno de cuyos extremos, el inferior, es desenroscable para introducir en su interior una pila cilíndrica pequeña de las convencionales, de esas de transistor. Una vez introducida la pila, vuelve a enroscarse la tapa. Por el otro extremo del artefacto sale un cable con un conector para ser enchufado en el orificio de carga de batería del teléfono móvil. Muy elemental pero ingenioso y efectivo. También en todas estas callejuelas la suciedad y la porquería se amontona por todas partes. El suelo está todo él cubierto de un polvo denso y grisáceo, parecido al cemento. Llevo chanclas, de manera que mis pies están que dan asco… como para que me hagan hijo predilecto de la tribu de los “Pies Negros”. Por un callejón lateral llego a la Sharia Khulud, que es una calle más ancha por la que se llega a la estación central de ferrocarril, una construcción de grandes dimensiones de la que parten trenes en todas las direcciones del país: Alejandría, Assuan, Luxor… También aquí el gentío es interminable. Imanes, soldados, mujeres cubiertas con el niqabb ¾que cubre todo el rostro a excepción de los ojos¾, estudiantes, vagabundos, aguadores, vendedores ambulantes, familias enteras cargando con bultos descomunales, limpiabotas, vendedores callejeros de te, policías, talibanes, soldados, aguadores, popes coptos, chicas jóvenes cubiertas con hiyab… conforman un caleidoscopio humano francamente entretenido de ver pero imposible de observar con detenimiento, pues la vista se ve incapaz de detenerse y fijar su atención en un punto concreto. Los trenes ofrecen un aspecto poco apetecible para viajar en ellos. Las máquinas ¾la mayoría diésel y que hacen un ruido ensordecedor¾ y los vagones están pintados de un azul mono de trabajo que da un aspecto bastante deprimente al pensar lo que debe de ser aquí el desplazamiento ferroviario. Por dentro no he podido verlos.

De regreso, decido parar a comer algo cerca del hostal antes de irme a descansar. Entro en un sitio de comida egipcia que se llama “Al Yazaz”, en la esquina de la sharia Shabri Abu Alaan con la sharia Talaat Harb. Aquí sirven una deliciosa sopa de lentejas que acompaño con un plato de pollo al curry. Delicioso y muy barato. Saliendo del restaurante entro por el primer callejón que encuentro a mi izquierda; el aroma frutal del tabaco de sisha (o narguile, que así también se llama a la pipa de agua típicamente árabe que usan para fumar tabaco aromatizado) me ha hipnotizado y busco de donde procede. En este callejón hay varias terrazas de locales en los que se sirve te de variadas clases y sabores, así como narguiles con tabaco de infinidad de aromas. Me decido a tomar asiento para reposar la cena y pido un te a la menta. Se me acerca un joven a darme conversación y se sienta en la silla que ha quedado libre junto a la mía. Lo primero que me pregunta ¾forma parte obligada del interrogatorio rituario a todo guiri¾ es de dónde soy. A los egipcios les encanta la conversación y por hablar, hablan hasta con las piedras. Charlamos durante un buen rato de cosas banales hasta que me deriva el tema hacia la religión, catequesis de Islam incluida. Que si el Islam es una religión muy tolerante, que si el Islam es la religión más completa, que si el Islam acepta a Jesús (Isa lo llaman ellos) como un verdadero profeta aunque no consideran que sea el Hijo de Dios, que si la religión hebrea no es universal sino exclusivista, bla…bla…bla… Le dejo hablar y hacer su catequesis, hasta que sale a relucir el tema de la mujer en el Islam. Me limito a preguntarle por qué las mujeres han de ir cubiertas y no los hombres. Me contesta que es para evitar que los hombres las miren con deseo sucio; tan sólo puede ser vista descubierta por su esposo. Le respondo preguntándole por qué, entonces ¾si el problema está en los ojos de los hombres inundados de sucios deseos¾ no les arrancan los ojos a los hombres, y,… ¿acaso no pueden provocar también los hombres deseos “impuros” a las mujeres? Me dice que no es lo mismo… que el profeta Mohammad dijo que la mujer había de cubrirse… bla…bla…bla… pero se da cuenta de lo absurdo y desatinado de sus argumentaciones, y empieza a ponerse nervioso. Finalmente decido entrar al descabello y le pregunto: …Y Dios (Allah) ¿qué religión tiene? ¿Dios es musulmán… judío… cristiano…?  Me sale con una serie de circunloquios que ni él mismo sabe hacia dónde le conducen y, finalmente, decide ponerse de pie y despedirse muy amablemente.

Mañana tengo planeado ir a Gizah, Saqqara y Dhashur, tres de los yacimientos arqueológicos más importantes del país. Os lo contaré.

 

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Jueves, 6 de agosto de 2.009

Esta mañana me he levantado a las 8,30 para ir a visitar los enclaves arqueológicos más importantes de El Cairo: Gizah, Saqqara y Dahshur. Para desplazarme hasta estos lugares he concertado un taxi que me acompañará durante todo el día llevándome de uno a otro sitio y esperándome durante cada visita. El precio total de todo el día son 200 libras egipcias, es decir, ¡menos de 30 euros! Normalmente el recorrido que suele hacerse es por este orden: primero Gizah, después Saqqara y, finalmente, Dashur. Nosotros, sin embargo, hemos hecho el recorrido inverso. El taxista se llama Khaled, un egipcio muy simpático, de unos 45 años, y que no para de hablar en todo el viaje contándome cosas muy interesantes de la Historia del antiguo Egipto en un inglés bastante aceptable. Khaled no para de intercalar chistes a lo largo de toda la conversación, y él mismo los celebra con sonoras carcajadas que te contagian la risa. A cada chiste los dos terminamos partidos de la risa. Según me cuenta, su principal trabajo es como funcionario del Ministerio de Cultura; de hecho trabaja en el edificio Mogamma (en la Maidan Tahir), aquél en el que os conté ayer trabajan unos 20.000 funcionarios. Tiene tres hijas en edad de estudiar, por lo que necesita pluriemplearse para sacar un dinero extra con el que poder sacar la familia adelante.

Primero hemos visitado el enclave de Dahshur, que está a unos 25 kilómetros de El Cairo. A lo largo de todo el camino ¾que discurre paralelo al Nilo¾, puede verse la enorme riqueza de la vega del río en la que se cultivan cereales, leguminosas y palmeras.  La agricultura es una de las riquezas de este país. Dahshur a unos 500 metros del río ya es un área completamente desértica en la que se erige la que llaman “Pirámide Combada”, ya que sus cuatro aristas no son completamente rectilíneas, sino que próximas a su vértice se comban unos cuantos grados como si de la punta de un obelisco se tratara. Esta pirámide fue construida por el faraón Esnofru, de la IV dinastía, hacia el año 2.620 antes de Cristo.  De todas las pirámides próximas a El Cairo ésta es la única a cuyo interior se puede acceder, aunque tampoco tiene nada de particular. Para entrar en la pirámide primero hay que subir por una de sus caras hasta un tercio de su altura, aproximadamente, por una escalinata de mármol bastante deteriorada e incómoda. Una vez terminado el ascenso se accede a una pequeña abertura en cuyo umbral hay sentado un morito viejo y desdentado que te sonríe sin parar y sólo te dice come in..come in Sir… Traspasado el umbral todo se hace oscuro y tan sólo una pequeñas lamparillas que apenas dan luz alguna iluminan un larguísima rampa que te desliza ¾literalmente¾ hasta el corazón mismo de la pirámide en donde se supone estuvo la cámara mortuoria. La rampa es de madera y sin peldaños; tan sólo tiene unos listones de hierro intercalados cada 50 cms. que a modo de travesaños impiden que te dejes caer por la rampa como si fuera un tobogán; se trata de ir caminando sobre la rampa despacio, muy despacio, y completamente agachado ¾ya que el hueco por el que discurre es de sección cuadrangular de unos 1,5 ms. por 1,5 ms.¾  y apoyando los pies en cada travesaño para ir frenando y evitar deslizarte. La rampa debe de tener, calculo, unos 150 metros de longitud. A medida que desciendes por la rampa y te vas adentrando en las entrañas de la pirámide la oscuridad va in crescendo, hasta que llega un punto en que las manos son casi el único contacto “visual” para moverte. Al final de la rampa se llega a una cámara muy espaciosa que sirvió de enterramiento al faraón Esnofru. A lo largo de todo el recorrido no me he encontrado con nadie, y aquí abajo tampoco ¾lo cierto es que resulta enormemente incómodo el acceso¾, por lo que es evidente que estoy completamente solo en el interior de la pirámide. El silencio resulta sobrecogedor e impresiona encontrarse solo sin otra compañía que uno mismo en el corazón de esta mole faraónica ¾y nunca mejor dicho¾ de piedra. Sin embargo resulta evidente que miles de personas han entrado en el interior de la pirámide en los últimos 200 años, ya que el olor a orín ¾casi amoníaco¾ resulta insoportable. Desando el camino de descenso y volviendo sobre mis pasos regreso al exterior de la pirámide, esta vez trepando por la rampa. Es el doble de esfuerzo el que se realiza para ascender por la rampa. En el exterior el moro que continúa como lo dejé, sentado en el umbral, me saluda otra vez sonriendo como si dijera con su risa: “huele que alimenta ahí dentro, ¿verdad?”.

Khaled me espera abajo, dentro del coche y con el aire acondicionado puesto. Se agradece entrar en el coche. En el exterior, calculo, debe de haber unos 45ºC.

Dejamos Dahshur y nos dirigimos a Saqqara, a unos 7 kilómetros. En Saqqara se encuentran las pirámides más antiguas, que datan del 2.750 a. de C., aproximadamente. Aquí está la pirámide escalonada de Zóser, la más antigua de todas, y que actualmente está en obras de reconstrucción. Esta pirámide ofrece un perfil muy peculiar, ya que en realidad se trata de una superposición de varias mastabas, unas sobre otras, que le dan ese aspecto escalonado. Las mastabas eran troncos piramidales, es decir, pirámides truncadas sin vértice. El calor continúa siendo sofocante. He sido previsor y llevo conmigo, en la mochila, una botella de 1 litro y medio de agua mineral que, aunque está como si fuera consomé, me sabe a gloria. Terminada la visita a Saqqara ponemos rumbo hacia Gizah. Khaled ha puesto una cassette de pachanga árabe verdaderamente hortera pero que no para de celebrar con palmas. Es innegable nuestra raíz arábiga en España, ya que esta horrible música suena exactamente igual que el “flamenquito”. Se lo digo a Khaled que se ríe a carcajadas según se lo cuento y me hace acompañarle llevando el ritmo de la música dando palmas; los dos damos palmas y canturreamos, pero lo más preocupante es que el coche sigue su camino por la carretera con el volante suelto a su aire, ya que Khaled no para de acompasar la música dando palmas. Varios coches que transitan en dirección contraria nos pasan muy pegados, pero esto no parece preocuparle a Khaled lo más mínimo, y sigue balanceándose sobre el respaldo al ritmo del Manolo Escobar egipcio que suena a todo volumen. Esta gente no conoce lo que es el miedo a los accidentes de carretera. Le pregunté esta mañana a Khaled cuál era la tasa de mortandad de automovilistas y me dijo que no tenía ni idea, pero que estaba seguro que era muy baja. Me dice que ellos están acostumbrados a conducir de esa manera y que todos están armonizados dentro del caos como formando una perfecta sinfonía… Lo cierto es que hemos hecho unos adelantamientos y unas incorporaciones a lo largo del recorrido que en España serían causa más que suficiente, cualquiera de ellos, para retirarle el carné de por vida a un conductor. Pero la verdad es que empieza a divertirme esta locura un poco suicida que es el tráfico en las carreteras egipcias. De camino a Gizah atravesamos un pequeño pueblo llamado Menfis, y que es, precisamente, lo que fue la capital del bajo Egipto. Es una población pequeña de aspecto totalmente rural y en la que todavía pueden verse lugareños vestidos con la galabiyya ¾una especie de camisón blusón largo hasta los tobillos¾ y cargando sobre la espalda enormes fardos de paja o de alfalfa. Las calles son todas de tierra y el polvo que invade el ambiente da una tonalidad parduzca a todo el pueblo. El transporte que utilizan los labriegos y granjeros de este pueblo es principalmente el asno, al que hacen tirar de un remolque cuando se trata de transportar carga muy pesada o voluminosa. Viendo este pueblo de Menfis resulta difícil de imaginar que se trata de la que antaño fue capital de uno de los imperios más prósperos y oderosos que han existido en la Historia de la Civilización.

Llegamos finalmente a Gizah. Tras dejar el coche negocio con un camellero el precio de alquiler de un camello por cuatro horas. Cierro el trato y me subo sobre el bicho con mucho arte, dicho sea de paso. Me acompaña, como guía y también subido sobre un camello, un chico egipcio que se llama Ahmed y que habla un correctísimo inglés. Me cuenta que estudia Ciencias del Comercio y Empresariales y que el inglés es una de las asignaturas más duras de la carrera. Tiene 24 años y estudia en la Universidad de El Cairo. Es de un pueblo próximo a Luxor, en el sur de Egipto, y se vino a El Cairo para hacer la carrera. Su madre es viuda. Tiene tres hermanos, todos varones. Él es el segundo más joven. Sus dos hermanos mayores son ingeniero y filólogo, respectivamente. Me dice que durante las vacaciones de verano suele buscarse un trabajo para ahorrar y poder costearse los estudios sin tener que recurrir a su madre que, según me cuenta, bastantes gastos tiene ya la pobre. Un chico formidable este Ahmed. Simpático y hablador. Me pregunta muchas cosas sobre España. Se ve claramente que es un chico muy leído y con un nivel cultural alto. El camino hacia las pirámides discurre a través de las dunas. Montados, como vamos, sobre camellos, uno no puede evitar sentirse como Lawrence de Arabia, que anduvo también a camello muy cerca de estas tierras hace ya casi cien años. Después de más de una hora de camino llegamos a las tres famosas pirámides ¾de los faraones Keops, Kefren y Micerinos¾, y la esfinge que lleva el nombre de la zona (Gizah), pero que debiera llamarse esfinge de Kefren, ya que se trata de una representación de la cabeza de este faraón con cuerpo de león; el león representa el poder y la fuerza. La esfinge, muy deteriorada por la intemperie y la erosión eólica, está actualmente en proceso de reconstrucción. Las pirámides originalmente estaban todas ellas cubiertas de alabastro, pero fue retirado por los musulmanes allá por el siglo XII para construir algunas de las mezquitas de El Cairo. Tras una visita por los alrededores, emprendemos el regreso. Como siempre, Khaled me espera con el aire acondicionado puesto y volvemos a El Cairo, no sin antes despedirme de Ahmed con un abrazo y una buena propina ¾que se ha ganado con creces¾, e intercambiar nuestros mails.

Mañana tengo pensado recorrer la parte del antiguo Cairo musulmán, que es una zona de enredadas callejuelas repleta de bazares y mezquitas. Ya os contaré mañana.

 

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Viernes, 7 de agosto de 2.009

Tal y como planee ayer, he dedicado el día de hoy a recorrer El Cairo que llaman “Islámico”, pues esta zona corresponde a lo que fue en origen la ciudad de Al Qahir ¾que significa “la victoriosa”, y que fue fundada por los árabes en 969¾, y que tras sucesivas deformaciones dio lugar a “El Cairo”. Para llegar hasta allí he ido caminando por la Sharia Talaat Harb hasta llegar a la Sitta W’Ashrin Yulyu con la intención de coger el Metro en la estación de Ataba hasta Bur Sa’Id, tal y como viene en el plano que compré en Madrid. Sin embargo mi sorpresa ha sido mayúscula cuando, una vez dentro del Metro, le he preguntado a un empleado del suburbano cuál era la dirección que tenía que tomar para llegar a Bur Sa’Id, me ha respondido con cierta extrañeza y esbozando una mueca de sorna: “No hay estación de Metro en Bur Sa’Id, Señor”. Creyendo que me estaba tomando el pelo ¾los cairotas son muy dados a gastar bromas inocentes a los extranjeros¾ le he mostrado mi plano en el que con toda claridad viene una línea de metro que parte de Ataba y llega hasta Salah Salim Terminal, pasando por varias estaciones, entre ellas Bur Sa’Id. Pues bien; el empleado ha mirado atónito mi plano comprobando que era cierto lo que yo le decía, mientras que insistía: “Señor, esa línea de metro no existe… Venga conmigo”. Y me ha llevado hasta un plano del Metro junto a las taquillas y, en efecto, tal línea no existe, ni la famosa parada de Bur Sa’Id. Finalmente me ha preguntado: ¾¿Dónde ha comprado usted ese mapa? ¾En Madrid ¾le he respondido¾. ¾Bueno; hay proyectada una línea en esa dirección, pero no es más que un proyecto todavía ¾me ha dicho tratando de encontrar una lógica a la línea de Metro fantasma que aparece en mi plano¾. ¾Cuando regrese a Madrid exija que le reembolsen el dinero ¾ha terminado diciendo¾.

Ante esta contrariedad he decidido seguir mi camino a pie hasta El Cairo Islámico. La verdad es que hay una tirada, y aunque los taxis son francamente baratos es tal el cansancio mental que me produce la sola idea de pensar en todo el ritual inevitable del consabido regateo con el taxista que he preferido evitarlo.

Los taxis de El Cairo merecen un pequeño excursus. Para empezar, se calcula que hay en la ciudad unos 25.000 taxis; una cifra exorbitante. Hace dos años el Gobierno aprobó un decreto por el que los coches de más de 10 años de antigüedad podían convertirse en taxis pagando los derechos de la licencia de taxi. La consecuencia lógica ¾en un país con una tasa de desempleo altísima como lo es Egipto¾ es que el número de taxis se multiplicó exponencialmente, y las nuevas licencias concedidas a coches viejos envejeció considerablemente, de la noche a la mañana, el parque de taxis. El aspecto de la mayoría de los taxis es inenarrable. Con la carrocería desportillada en muchas de sus partes casi todos, es raro encontrar uno que tenga el juego completo de luces operativo. He visto bastantes con alguna de sus puertas sujeta con una cuerda enrollada y anudada en el marco; hasta sin parabrisas he llegado a ver alguno. El estado de su interior está en consonancia con el destartalamiento exterior. Suelen cubrir el salpicadero con una especie de tapizado que imita la piel de borrego, y en la que se acumula la suciedad y el polvo, por lo que su tono grisáceo es difícil saber si es original o, por el contrario, ha ido acrisolándose con el paso del tiempo. Los asientos tienen las tapicerías prácticamente deshechas. El chirrido de los muelles de su interior acompasa la rodadura del coche sobre la irregularidad del asfalto lleno de socavones y jorobas. El suelo en no pocos casos presenta agujeros a través de los que puede verse el asfalto de la calle. El precio de la carrera es a convenir con el taxista, por lo que es obligado entrar en el fatigoso y consabido regateo; pero tratándose de un guiri, siempre es al alza. Por eso es muy importante enterarse de cuál es el precio promedio por distancias, a fin de que el taxista vea que conoces cómo andas las tarifas y así evitar el sobreprecio. Aún con todo, las tarifas son realmente bajas. Por poner un ejemplo, desde el centro de la ciudad hasta el aeropuerto, la carrera viene a salir por unas 70 libras egipcias, es decir, menos de 10 euros; desde Maidan Tahir hasta sharia Al-Azhar, unas 18 libras egipcias, es decir, unos 2,5 euros. En fin, que el taxi es un medio de transporte urbano francamente barato.

Pues bien; contaba todo esto de los taxis de El Cairo a propósito de mi caminata ¾a fin de evitar el cansino ajuste de precio con el taxista¾ desde Midan Attaba hasta llegar a la avenida de El Azhar, que en su tramo final atraviesa el barrio de El Cairo Islámico dividiéndolo en dos mitades: norte y sur. Ya en las estribaciones de este barrio la fisionomía de la ciudad empieza a cambiar notablemente. Las calles son aquí mucho más estrechas y de trazado irregular, configurando un verdadero laberinto en el que es muy fácil perderse. Además el bullicio es considerablemente más ruidoso, y el tráfico se complica en densidad y bocinazos. Los peatones deambulan por entre los coches generando una congestión permanente que los agentes de Policía, con la desidia que los caracteriza,  contemplan pasivamente sentados en las sillas que para pasar más cómodamente su jornada de servicio han sacado de no se sabe dónde ¾cada silla es diferente: las hay de oficina, con ruedas; de cocina, de esas típicas de formica azul y patas niqueladas muy delgaditas; de despacho antiguo, esas de madera oscura y con motivos tallados; de consultorio médico, esas metálicas blancas con el asiento y el respaldo también de metal, etc..¾ y se han apostado con ellas dentro de una especie de garitas que están repartidas por toda la ciudad, o bajo un sombrajo que cada uno ha improvisado con lo primero que ha encontrado a la mano en el contenedor de basura más cercano. La Policía de El Cairo es como para escribir todo un tratado, y prometo hacerlo cuando me jubile. Hay miles de ellos ¾policías¾ por toda la ciudad. Así, a ojo, calculo que al menos un 5 por 100 de la población de El Cairo deben de ser policías. Llevan un uniforme blanco ¾al menos debía de serlo cuando lo estrenaron¾ y van tocados con una boina negra de estructura rígida, parecida a la que se llevaban antiguamente en las unidades de carros de combate en España. En la parte superior de la boina, es decir, en el plato, llevan una cinta de color según la unidad a la que pertenecen. Pero el aspecto que ofrecen estos agentes de la autoridad no es para descrito. Como diría mi amiga Soco… “no encuentro palabras”.

Y después de este breve excursus sobre la Policía de El Cairo, volvamos al hilo de nuestro paseo por El Cairo Islámico. Los puestos de toda clase de objetos y cachivaches se suceden sin término a lo largo de las aceras. Se venden especias, lámparas de latón, correas de ventilador y tubos de escape para coches, licuadoras Moulinex, instrumental quirúrgico, fotografías antiguas, jarrones y vasijas de todo tipo y material, uniformes y efectos militares, sombreros de lo más variado, ropa vaquera, cestos de mimbre, bollería egipcia, marcos para enmarcar cuadros y fotos, chilabas, babuchas, bicicletas oxidadas y sin oxidar, calcetines y bragas, cuerdas y cordeles de todas clases, silbatos de metal y de plástico, marionetas, tambores, caramelos de fabricación casera, turbantes, cuchillería y tijeras, coranes de todos los tamaños y formatos, sudokus, ajedreces de marquetería y filigrana de nácar, narguiles, botijos, sillas y taburetes, ratones y teclados de ordenador con caracteres árabes, papiros egipcios, cuadros con suras del Corán, antenas parabólicas y TDT,s, relojes, tabaco americano de contrabando ¾el del puesto charla amigablemente con dos policías¾, alpargatas, ceniceros y figuras horribles de alabastro, sarcófagos en miniatura de Tutankhamón, máquinas de coser, gafas viejas, dientes de oro, Nintendos, calderos de cobre que fabrican allí mismo a la vista… Resulta fascinante contemplar toda esa Arcadia de objetos de lo más variado configurando una especie de collage surrealista. Las calles de este zoco son estrechas y sucias, con el piso de tierra sobre el que suelen formarse charcos junto a los pequeños aljibes de agua que hay colocados en algunos puestos. La tipología de gente que por aquí transita es también de lo más variado. Jóvenes con aspecto y vestimenta bakala; señoras completamente cubiertas con niqqab ¾ que cubre hasta los tobillos, y todo el rostro, dejando tan sólo visibles los ojos por una abertura horizontal¾; barbudos sin bigote vestidos con galabiyya y tocados con el gorrito blanco de talibán; viejos vestidos de moro sentados en los umbrales de los portales fumando su cigarrillo y con la mirada perdida; turistas vestidos de turistas.

Pero además del zoco o mercado, este barrio contiene incontables mezquitas y edificios antiguos. Hoy es viernes ¾el día sagrado para los musulmanes¾ y todo el mundo acude a la mezquita a hacer la oración y escuchar la prédica del imán. A las horas que coinciden con la oración se silencia la música y se escucha a los muecines de las mezquitas próximas llamar al rezo por los altavoces que hay colocados en los minaretes de todas las mezquitas; y cuando hay varias mezquitas cercanas, los cantos de varios muecines amplificados por la megafonía se superponen unos sobre otros creando una cierta confusión de voces y de tonos que produce una sensación enorme de follón y barullo. Pero además, por ser viernes, hoy los imanes predican en sus mezquitas, y sus pláticas son también escuchadas desde la calle ¾se quiera o no se quiera¾ a través de la megafonía. ¿Os imagináis lo que debe de ser ir caminando por la Plaza Mayor de Madrid ¾pongo por caso¾ y que la homilía dominical del Cardenal Rouco Varela se escuchara a todo volumen a través de altavoces colocados en la calle? Espanta la sola idea de pensar en ello. Pues eso mismo es lo que sucede aquí. La religión islámica es una realidad omnipresente en la vida pública, en la vida diaria de la calle para todo el mundo. No hay separación real ni posible entre vida privada y la religión pública que todo lo invade. Todo está impregnado de una asfixiante y densa atmósfera religiosa de la que no es posible escapar. La religión ocupa todo; también el ámbito de la vida en la calle en sus aspectos más cotidianos, de manera que nadie puede escapar de ella.

He cruzado la sharia El Azhar para pasar a la parte sur del zoco. En ella se venden telas, mantelerías y alfombras. Y un poco más a la izquierda está la mezquita madraza ¾Universidad¾ El Azhar, en la que se enseña Teología islámica y Derecho coránico. Hoy, día festivo, estaba cerrada, por lo que no me ha sido posible entrar a visitarla.

Mañana espero continuar mis paseos por El Cairo Islámico y quizás adentrarme, también, por el barrio copto. Ya veremos.

 

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Sábado, 8 de agosto de 2.009

Esta mañana me he levantado muy tarde, a eso de las 12,00; la verdad es que anoche me acosté reventado y esta mañana el cuerpo me pidió seguir durmiendo más tiempo.

Ayer descubrí una cafetería muy cerca del hostal ¾la American Coffee Shop¾ en la que tienen el mejor café que he encontrado hasta ahora en El Cairo, de manera que he desayunado allí un café doble con leche y un riquísimo pastel de chocolate; me ha sabido a gloria el desayuno. Después de consultar la guía y el plano por unos minutos me he puesto en camino hacia el barrio islámico que ya visité ayer. Mi intención era explorar más a fondo la parte sur del barrio y bajar hasta la Ciudadela. El recorrido que hoy he hecho hasta legar allí ha sido tomar la sharia Abd Al Khaliq Sarwat hasta Midan Opera, para, desde aquí, coger la sharia Al Qal’a ¾o sea, la calle de Alcalá en castizo¾. La sharia Al Qal’a es una calle que forma parte ya de los bazares del zoco de El Cairo, y esta zona está dedicada en su mayoría a tiendas, tenderetes y puestos de instrumentos musicales en su primer tramo, y a muebles en su tramo final hasta llegar a la plaza de Midan Al Qal’a. En el primer tramo he podido entrar en el taller de un luthier que estaba trabajando en la fabricación de una especie de vihuela y me he quedado un buen rato charlando con él. Me ha explicado cómo se fabrica este instrumento y las distintas clases de madera con que está hecho. Él, además de fabricar este instrumento, sabe tocarlo con enorme destreza, de manera que me ha ofrecido un mini concierto para mí solo; una maravilla poder escuchar el sonido de un instrumento de manos de la misma persona que lo ha fabricado con todo su afán y delicadeza.

Más adelante, como he dicho, están las tiendas dedicadas a los muebles; vitrinas y sillones principalmente. Y, por qué no decirlo, bastante hortera todo. Los sillones emulaban el estilo Luis XV, con uno dorados que quitaban la respiración por lo cateto, y unos tapizados en rojos vivos y dorados que hacían verdadero daño a la vista. Y es que para los árabes el dorado es signo inequívoco de bienestar y opulencia, de manera que a la mínima tiran de dorados aunque sea para un taburete de cocina.

Al final de la sharia Al Qal’a se llega a la plaza del mismo nombre, en donde se encuentran, fachada con fachada, las mezquitas del sultán Hassan y la de Al Rifai, dos de las construcciones más importantes de la ciudad. La de Hassan es del siglo XIV, y corresponde al período mameluco. Destaca sobre todo la espaciosidad interior y la altura de las cubiertas, que dan al conjunto una imponente majestuosidad de dimensiones.

La mezquita de Al Rifai es mucho más moderna, ya que se empezó a construir en 1.819 y no se terminó hasta 1.912, es decir, casi 100 años después del comienzo de su construcción. El estilo arquitectónico de esta mezquita no merece gran atención, ya que se trata de un remedo bastante burdo del estilo mameluco. Como dato curioso, mencionar que en el interior de esta mezquita está enterrado el último Sha de Irán ¾Mohamed Reza Palevi¾, que tras ser expulsado de Irán con ocasión de la Revolución de los ayatolás en 1.979, vino a vivir a Egipto, donde se le concedió asilo político, y aquí murió.

Justo enfrente de ambas mezquitas, en el otro extremo de la Midan Al Qal’a se encuentra la ciudadela, una gran fortificación amurallada construida XII por Salah Al Addin ¾conocido en España como Saladino, el famoso sultán de la defensa de Jerusalén frente a los cruzados¾. En el interior del recinto hay varias mezquitas de entre las cuales destaca la de Mohamed Alí por ser de estilo netamente bizantino, emulando la factura de las mezquitas de Estambul.

Dejando la Ciudadela, y cogiendo la Sharia Al Salbiyya se llega a la mezquita más antigua de El Cairo, la de Mohamed Ibn El Tulun, construida en el siglo IX, y que debe su nombre a un prefecto o gobernador abasí enviado por Bagdad para gobernar Egipto. Destaca en ella fundamentalmente el patio interior ¾llamado también sahn¾ por su enorme dimensión, y el alminar en espiral que lo hace inconfundible. También es curioso destacar que esta mezquita está por entero construida en adobe.

Dejando la mezquita de Ibn El Tulun he tomado la sharia Qadry hasta llegar a Midan Bab Al-Khalq, y desde esta plaza me he vuelto a introducir en el laberinto indescifrable del zoco por la sharia Ahmed Mahir hasta llegar a una de las antiguas puertas ¾llamada de Bab Zweila¾ del barrio islámico situada junto a la mezquita de Al-Mu’ayyad. Esta zona de Bab Zweila resulta verdaderamente interesante, ya que conserva por completo todo el tipismo medieval de El Cairo casi completamente intacto. Atestado de puestos y tenderetes de todo tipo, sus calles están sin pavimentar, con lo que terminas con los pies hechos un verdadero asco, más todavía si llevas ¾como es mi caso¾ chanclas. Por este arco se accede a la sharia Al Muezz Li Din, que desemboca en la sharia Al-Azhar, la cual he cruzado para llegar a la parte norte del barrio islámico, concretamente a la zona de la mezquita de Al-Hussein, en donde hay varios locales de comida árabe en uno de los cuales me he sentado a cenar algo. El chico que me ha atendido hablaba un correcto español. Me ha dicho que su nombre es Roberto ¾para los españoles¾, pero que su verdadero nombre es Ahmed. Debía de rondar los 21 ó 22 años, y tenía una simpatía natural que no resultaba nada cargante. Me ha estado bacilando durante toda la cena en buen plan, y hasta ha llegado a sentarse varias veces en mi mesa para darme conversación. Me he reído una barbaridad con las ocurrencias de este chico.

Después de cenar, y cruzando de nuevo la sharia Al Azhar, pero en esta ocasión hacia la parte sur del barrio islámico, he ido al centro cultural Al-Ghuri, junto a la mezquita del mismo nombre, donde se representaba la danza de los derviches giróvagos de la secta islámica del sufismo. Ya tuve ocasión de ver la danza de los derviches en mi reciente visita a Estambul, en el templo de MevLevi, junto a Taksim. En esta ocasión, la danza ha sido algo distinta: mucho más viva y colorida que la de los derviches turcos. Las vestimentas, de hecho, ofrecían una vistosidad y colorido que nada tienen que ver con la sobriedad de aquellos.

Mañana espero poder visitar el barrio copto. Ya os contaré.

 

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Domingo, 9 de agosto de 2.009

Tal y como tenía previsto, he dedicado el día de hoy a visitar el barrio copto de El Cairo. Pero antes de ponerme en marcha he ido a desayunar al café que descubrí el otro día cerca del hostal, en la sharia Talaat Harb, y en el que sirven el café más pasable de cuantos he probado hasta el momento en la ciudad. Lo cierto es que comparativamente con los precios de otras cosas aquí, es bastante caro: por un café con leche y un pastel de chocolate te cobran unas 35 libras egipcias ¾unos 4 euros¾, y puedo aseguraros que eso aquí es una verdadera pasada; para que os sirva de referencia de lo que digo, tened en cuenta que por 35 ó 40 libras egipcias ¾unos 4 ó 5 euros¾  puedes comer.

Pues bien; después del desayuno ¾que he pagado bien a gusto¾, he ido caminando por la sharia Talaat Harb hasta la Midan Tahir para coger allí el Metro en la estación de Sadat en dirección al barrio copto. La estación de metro debe su nombre a quien fuera presidente de Egipto desde 1.970 hasta 1.981. Hasta el año 1.970 el presidente de Egipto fue el general Gamal Abd El Nasser, quien se había hecho con el poder en 1.956 tras un golpe de estado. Nasser practicó una política nacionalista de corte socialista, llevando a cabo un cierto acercamiento a los países de la órbita soviética. Implantó una economía planificada con fuertes inversiones y gasto público en la realización de importantes obras públicas, de entre las cuales cabe destacar la construcción de la presa de Assuan, construida para regular el nivel del Nilo y evitar de ese modo las crecidas episódicas que cada año, en el verano, inundaban casi por entero la cuenca del río ocasionando enormes pérdidas agrícolas. Construir la presa de Assuan suponía anegar buena parte de la cuenca sur del Nilo, lo que produciría la inundación y pérdida de importantes restos arqueológicos, entre ellos el célebre templo de Abú-Simbel. Para evitar esta pérdida irreparable el gobierno egipcio emprendió un plan de salvamento de tan importante patrimonio que consistía en desmontar pieza a pieza ¾literalmente¾ el templo de Abús-Simbel y trasladarlo enteramente para volver a reconstruirlo unos cuantos metros más arriba de la cuenca del Nilo. El coste de tan tremenda obra era inabordable con los presupuestos del Estado Egipcio, por lo que Nasser solicitó la ayuda y cooperación de otros estados ¾entre ellos España, que a la sazón mantenía unas relaciones privilegiadas con el mundo árabe (era la época de Franco)¾ que colaboraron financieramente y con la cesión de infraestructuras para su realización. En agradecimiento, el Estado egipcio regaló a España el pequeño templo de Debod, que situado en las proximidades de Abú Simbel, se encuentra ahora en Madrid, al final del Paseo de Rosales, junto a la Plaza de España.

Y tras la muerte de Nasser, ocurrida en 1.970, asumió la presidencia quien hasta ese momento había sido su Vicepresidente: Anuar El Sadat. Sadat inició una política de cambios que llevó a Egipto a desmarcarse del socialismo nacionalista emprendido años atrás por su predecesor, iniciándose en Egipto un nuevo período caracterizado por la introducción del liberalismo económico que atrajo fuertes inversiones de capital de países occidentales, principalmente de Inglaterra, Francia y EE.UU. Sin embargo, el giro político introducido por Sadat, que supuso, además, el cambio de orientación de la política exterior egipcia en el conflicto árabe-israelí ¾fue Sadat quien firmó con Israel en 1.979 el Tratado de Camp David, que auspiciado por los EE.UU. suponía la paz entre Egipto e Israel¾, desató el resurgimiento en Egipto de un movimiento de oposición de corte islámico fundamentalista que terminó provocando el asesinato del Presidente Sadat en 1.981, a quien los fundamentalistas consideraban un traidor al nacionalismo islámico. Con la muerte de Sadat Egipto ha tenido muy  difícil ¾aunque lo ha conseguido¾ continuar con la línea de moderación iniciada por Sadat, y en la actualidad, aún siendo un país netamente islámico, es sin embargo uno de los principales aliados de EE.UU. en la región. Tras el asesinato de Sadat, asumió la presidencia del país su Vicepresidente, Hosni Mubarak, quien la desempeña hoy todavía. Desde su toma del poder, Mubarak viene manteniéndose en un complicado equilibrio entre la aceptación de la existencia de Israel como nación, por una parte ¾lo que le ha granjeado la amistad y apoyo de los EE.UU.¾, y el mantenimiento de los vínculos culturales e identitarios con los demás países del mundo árabe ¾no hay que olvidar que Arabia Saudita apoya financieramente al estado egipcio a paliar su permanente déficit. Y, en fin, todo este excursus de la reciente Historia de Egipto para explicar quien era Sadat, que es quien da nombre a la estación de Metro de Midan Tahir. En fin, que esta mañana he cogido el Metro en la estación de Sadat en dirección al barrio copto. Y es que la manera más directa y rápida de ir al barrio copto es en metro, bajándose en la estación de Mar Girgis. Hasta hoy no había entrado todavía en el Metro. Y merece la pena hacerlo. El precio del billete es de 1 libra egipcia, es decir, unos 15 céntimos de euro. La suciedad también aquí se acumula por todas partes. Los vagones presentan un aspecto de descuido y dejadez bastante lamentable. Entre el pasaje puede verse idéntica mezcolanza de gente variopinta que uno encuentra en la calle: desde chicos vestidos con camisetas ajustadas de colores chillones y vaqueros ceñidos, y que en España pasaría perfectamente por gays, ¾pero que aquí deduzco que no lo son, ya que todos los jóvenes de entre 18 y 25 años visten así en El Cairo¾, pasando por viejos vestidos con galabbiyya ¾esa especie de chemisse lounge tan típica de los países árabes¾ y turbante, pasando por señoras de rigurosísimo negro, acompañadas de sus maridos, claro está, y cubiertas con el niqqab, que, dejando tan sólo una pequeña abertura a la altura de los ojos ¾única parte de su cuerpo que dejan visible¾ las cubre por entero, literalmente, de la cabeza a los pies, y que llevan ocultas hasta las manos con guantes. Toda una fauna urbana que no por muy vista deja de llamarte la atención. Me bajo en la estación de Mar Girgis, en pleno barrio copto. El barrio copto debe su nombre a que en esta arte de la ciudad vive la comunidad cristiana de Egipto, que viene a representar actualmente en torno a un 5 por 100 de la población de El Cairo. El origen de la palabra “copto” es bastante incierta, si bien parece que procede del vocablo árabe qihti, que significa “egipcios”; se utilizaría, por tanto, entre los cristianos la palabra qihti para designar a los hermanos de la Iglesia de Egipto, y que latinizada derivaría en “copto”. Según la tradición, el Cristianismo se introdujo en Egipto a partir del siglo II, entrando por Alejandría y extendiéndose posteriormente por el resto del país. También según la tradición, fue el apóstol San Marcos quien trajo la doctrina cristiana, y ya en el siglo IV pasó a ser la religión oficial del estado. La Iglesia Copta, por tanto, pertenece al credo cristiano, y procede de una escisión de la Iglesia Ortodoxa cuando, en el año 451, el Concilio de Calcedonia declaró la doble naturaleza ¾humana y divina¾ de Cristo, manteniendo los cristianos de la Iglesia de Egipto, por el contrario, su única naturaleza divina. Es decir, que los coptos son monofisitas (mono=una; physis=naturaleza).

 Situada muy cerca de la estación de Metro de Mar Girgis está  la iglesia de la Virgen María, y que aquí llaman “iglesia colgante”, debido a la peculiaridad de su arquitectura, como suspendida a varios metros de altura sobre el nivel de la calle. Destaca de esta iglesia su atrio, de forma alargada, y que conduce hasta una escalinata pronunciada por la que se asciende hasta el templo. Merece la pena, sobre todo, el iconostasio ¾existente únicamente en los templos de las Iglesias cristianas de Oriente&fra

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Comentarios Bitácora de El Cairo

Buenas Nacho, acabo de encontrarme con tu Bog. ¿Como vas tío? las últimas noticias tuyas son de Rafa, de hace casi un año. Que todo te iba bien, con nuevo trabajo. Por aquí , todo igual. trabajando como una mula, cada vez más carabanchelero, estoy al lado del Gómez Ulla, y  en la línea de consolar, consolar, consolar. El otro día en la semana de Pascua estuvimos  en Roma celebrando en la habitación de San Ignacio, nos fuimos Rafa, Miki y yo y  claro está nos acordamos  y rezamos por ti.
Nada tío. Cuídate y hasta que volvamos a coincidir. no sé si leerás este comentario, porque veo que en el blog , la última noticia es de agosto del año pasado. Pero por si acaso ahí te lo dejo. El móvil seperdió al cambiar de teléfono, mi única vía de contacto es por tanto a través de esta página. Cuídate.
alvaro maldonado alvaro maldonado 21/04/2010 a las 10:34

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