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Sobre el Temor

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Extraído del libro "Sobre el Temor", de Jiddhu Krishnamurti

 - Si nos paramos y prestamos atención, vemos que casi todos estamos atemorizados y que el temor nos impide actuar libremente, porque hace que nos aferremos a las personas y a las cosas como una enredadera se aferra a un árbol.  Nos aferramos a nuestros padres, a nuestros parejas, a nuestros hijos e hijas, y a nuestras posesiones. Ésa es la forma exterior del temor: el aferramiento y la dependencia.  Estando internamente atemorizados, tenemos miedo de estar solos.  Podremos poseer muchas cosas y otras propiedades, pero internamente, psicológicamente, somos muy pobres.  Cuanto más pobres somos en lo interno, tanto más tratamos de enriquecemos exteriormente apegándonos a las personas, a la posición, a la propiedad.

Cuando estamos atemorizados nos aferramos no sólo a las cosas externas sino también a las internas, tales como la tradición.  Para la mayoría de las personas de edad avanzada y para las que en lo interno son insuficientes y vacías, la tradición importa muchísimo. En el momento en que hay temor, temor interno, tratamos de ocultarlo bajo la respetabilidad, siguiendo una tradición, y así perdemos las riendas de nuestra propia vida y dejamos que otros nos la dirijan y organicen desde fuera.  Por eso la tradición se vuelve muy importante para muchas personas –la mayoría–, la tradición de lo que dice la gente, la tradición de lo que ha sido transmitido desde el pasado, la tradición que carece de vitalidad, del sabor de la vida, porque es una mera repetición de pautas viejas sin significado alguno.

Cuando uno tiene miedo, hay siempre una tendencia a imitar. Las personas que tienen miedo imitan a otras; se aferran a la tradición, a sus padres, a sus parejas, a sus hermanos, a sus amigos.  Y la imitación destruye la iniciativa y la espontaneidad. Los niños, cuando dibujan o pintan un árbol, no imitan el árbol, no lo copian exactamente como es, lo cual sería una mera fotografía.  Los niños simplemente sienten lo que las cosas les comunican, el significado, el sentido que tienen.  Esto es muy importante: tratan de comunicar el significado de lo que ven y no se limitan a intentar copiarlo, y de ese modo destán abiertos al proceso creativo. Y para esto tiene que haber una mente que sea libre, que no esté cargada con la tradición, con la imitación.

En ciertas cuestiones estmos obligados a ser imitativos, tal como en las ropas que vestimos, en los libros que leemos, en el idioma que hablamos. Éstas son todas formas de imitación.  Pero es necesario ir más allá de este nivel y sentimos libres para pensar las cosas por nosotros mismos, de modo que no aceptemos irreflexivamente lo que algún otro dice, sin ¡importar quién sea: un maestro en la escuela, un padre o una autoridad religiosa.  Es esencial que pensemos las cosas por nosotros mismos sin seguir a nadie, porque el seguimiento indica temor. En el momento en que alguien nos ofrece algo que deseamos -el paraíso, el cielo o un trabajo mejor-, hay temor de no obtenerlo; por tanto, empiezamos a obedecer, a seguir.  En tanto estmos deseando ese algo, estaremos atados al temor; y el temor mutila la mente de tal modo que no podemos ser libres.
Pero lo cierto es que no tenemos ni idea de lo que es una mente libre. Prestemos atención por un momento a nuestra propia mente... No es libre, ¿verdad?  Siempre está a la expectativa de lo que los demás dicen de nosotros.  Esa mente es como una casa cercada por una valla o por un alambre de espino.  En este estado nada nuevo puede suceder; lo nuevo sólo es posible cuando no hay temor.  Y es extremadamente difícil para la mente estar libre de temor, porque ello implica realmente estar libres del deseo de imitar, de seguir, libres del deseo de acumular riquezas o de amoldarse a una tradición, todo lo cual no quiere decir que haya de hacerse algo extravagante.

La libertad de la mente llega cuando no hay temor, cuando la mente no desea alardear y no urde intrigas en busca de posición o prestigio.  Entonces no hay sentido de imitación.  Y es importante tener una mente así, una mente de verdad libre de la tradición, de los hábitos.

Pero, ¿es esto demasiado difícil?  No creo que sea tan difícil como la física o las matemáticas.  Es mucho más fácil, sólo que jamás nos hemos parado a pensar en ello.  Pasamos diez o quince años de nuestras vidas en la escuela adquiriendo información; sin embargo, nunca nos paramos a pensar plenamente, completamente en algunas de estas cosas.  Por eso parece tan difícil, pero en realidad no lo es en absoluto.  Al contrario, si le dedicamos tiempo podremos ver por nosotros mismos cómo trabaja nuestra mente, cómo opera, cómo responde.  Y es muy importante que empecemos a comprender nuestra propia mente, y enseñarles esto a los niños, pues de otro modo crecerán siguiendo alguna tradición, lo cual tiene muy poco sentido; imitarán, o sea, que seguirán cultivando el temor y así nunca serán libres.

Si nos fijamos, hay una enorme cantidad de facetas de nuestra vida que están gobernadas por una tradición que nos viene dada y se nos ha enseñado a seguirla irreflexivamente.  Todo alrededor nuestro, si lo observamos, refleja un estilo de vida en el que la autoridad se halla muy bien afirmada. Está la autoridad del Papa, la autoridad del grupo político, la autoridad de los padres y de la opinión pública...  Cuanto más antigua es una civilización, tanto mayor es el peso de la tradición, con su serie de imitaciones; y, estando agobiada por ese peso, la mente jamás es libre.  Podemos hablar de libertad política o de cualquier otro tipo de libertad, pero como individuos nunca somos libres para descubrir por sí mismos; siempre estamos siguiendo, siguiendo un ideal, siguiendo a algún gurú o maestro, alguna superstición absurda.

Por lo tanto, toda lnuestra vida está restringida, limitada, confinada a ciertas ideas; y muy en lo hondo, está el temor. ¿Cómo podemos pensar libremente, si hay temor?  Por eso es tan importante ser conscientes de todas estas cosas.  Si vemos una víbora y sabemos que es venenosa, nos apartamos, no nos acercamos a ella.  Y, sin embargo, ignoramos ique nos hallamos atrapados en una serie de imitaciones que nos impiden actuar y vivir con espontaneidad; estamos atrapados en ellas inconscientemente.  Pero si empezamos a tomar conciencia de ellas y de cómo nos tienen sujetos, si nos damos cuenta del hecho de que queremos imitar porque sentimos temor de lo que la gente pueda decir, porque tememos a nuestros padres o a nuestros maestros, entonces podremos mirar todas estas imitaciones en las que estamos atrapados, podremos examinarlas como se estudian las matemáticas o cualquier otra materia.

¿Somos conscientes, por ejemplo, de que tratamos a las mujeres de distinta manera que a los hombres? ¿Por qué?  Al menos los hombres lo hacen con frecuencia. ¿Por qué vamos a un templo, por qué practicamos no sé qué rituales, o por qué seguimos a una autoridad religiosa?

Primero tenemos que darnos cuenta de todas estas cosas y después podremos investigarlas, cuestionarlas, estudiarlas; pero si todo lo aceptamos pasivamente, ciegamente porque por los últimos treinta siglos ha sido así, entonces eso no tiene sentido, ¿verdad?  Es muy importante enseñar al individuo desde pequeño a examinar todos estos problemas, no de manera superficial o casual sino más y más profunda, a fin de que la mente tenga libertad para ser creativa, libertad para pensar, libertad para amar.

La educación es un medio para descubrir nuestra verdadera relación con las cosas, con otros seres humanos y con la naturaleza.  Pero la mente crea ideas.  Y estas ideas se vuelven tan fuertes, tan dominantes, que nos impiden mirar más allá.  En tanto haya temor hay seguimiento de la tradición, hay imitación.  Una mente que sólo imita es mecánica. En su funcionamiento es como una máquina: no es creativa, no examina los problemas.  Puede producir ciertas acciones, ciertos resultados, pero no es creativa.

Se nos debería enseñarse a analizar todos estos problemas desde niños, de modo que cuando labandonásemos la escuela fuésemos individuos maduros, capaces de considerar las cosas por nosotros mismos, sin depender de alguna estupidez tradicional.  Entonces tendríamos la dignidad de un ser humano verdaderamente libre. Ése es todo el propósito de la educación, no el de atiborrarnos de datos inservibles y prepararnos para aprobar exámenes y después, por el resto de nuestra vida, vernos abocados a tener que dedicarnos a hacer cosas que no nos hacen felices, como el convertirse en abogados o en oficinistas o en amas de casa o en máquinas de engendrar niños.  Se nos "educa" para aprobar los exámenes, para hacernos licenciados universitarios y para tener un trabajo que en muchas ocasiones –casi siempre– nos desagrada pero que no tenemos más remedio que aceptar para ganar dinero, para casarnos y tienen hijos... y ahí nos quedamos, clavados por el resto de nuestra vida.  Muy a menudo nos sentimos desdichados, infelices, amargados; no tenemos nada que esperar, excepto más hijos, más gastos, más infelicidad. ¿Y a esto lo llamamos el propósito de la educación?  Porque, por el contrario, me parece a mí que la educación tendría que ayudarnos a ser tan agudamente inteligentes que pudiéramos hacer lo que de verdad nos hace felices y no quedarnos atascados en algo estúpido que nos hará desgraciados por el resto de nuestras vidas.

Por lo tanto, es muy importante animar a los jóvenes a despertar en su interior la llama del descontento, deben hallarse en un estado de revolución. Ésta es la época para inquirir, para descubrir, para crecer.  Los jóvenes no deben conformarse con sentarse en un aula y absorber información acerca de este rey o de aquella guerra.  Deben dejar paso abiértamente a su descontento interior, acudir a sus maestros y cuestionarles las cosas.  Si ellos no son inteligentes, al inquirir así les ayudarán a que sean inteligentes.  Y cuando esos jóvenes dejen la escuela crecerán en madurez, en verdadera libertad.  Entonces continuarán aprendiendo durante toda la vida hasta que mueran, y serán seres humanos inteligentes y más felices.

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Comentarios Sobre el Temor

Estoy totalmente de acuerdo contigo, sí señor. Muy bien. Es cierto que a veces imitamos a los demás por miedo a equivocarnos, pero sólo lo usamos para aprender, por lo menos en mi caso. Luego hay miles de formas de hacer una misma cosa. Hay que indagar. Hay que vivir.

Saludos!
Honestamente, y con una vision menos desarrollada... muchas veces me quedo admirado de aquella gente que necesita estar rodeada de personas todo el tiempo.
Por otros lados me viene a la mente la frase: " mas vale solo que mal acompañado". Seria un alivio para tanta gente el ser lo suficientemente inteligente de darse cuenta de cuando es necesario separar sus caminos y no seguir juntos solo por tradicion.
Lamentablemente la vida es corta, y una sola, no se puede desperdiciar un solo segundo de tiempo en estar junto a alguien solo por una ridicula tradición.
Gera 26/09/2008 a las 16:54
Excelente, pero el temor es necesario que se mantenga en el ser humano, son cualidades bien humanas, por el temor no se permite hacer cosas fuera de la ley de Dios y de las Leyes, sentimiento que nos dejo Jesucristo, para saber la maldad y lo bueno, dicho sentimiento nos frena en ocasiones para evitar cualquier tentación en su mayoria. bueno el temor si lo superamos podemos ser alguien en la vida si tenes exito, pero tambien recaemos si no se tiene esa suficiente personalidad para levantarse de donde nos undimos. el fracaso. aunque tengamos demasiado fracasos, nunca decidimos quitarnos la vida. por el temor. 
ralfe ralfe 14/01/2011 a las 05:52

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